Divorciarse a los 60 años ya no es una rareza, de hecho algunos medios llaman a este fenómeno «divorcio gris», por el color de las canas. Cada vez más personas toman esta decisión en una etapa vital que tradicionalmente se asociaba a la estabilidad definitiva. Sin embargo, la realidad social ha cambiado y con ella también la forma de entender el matrimonio, el bienestar personal y el derecho a empezar de nuevo.
Muchas personas llegan a esta edad tras décadas de convivencia, hijos ya independientes y una vida construida en común. Precisamente por eso, la decisión de separarse suele ir acompañada de dudas, miedos y una profunda reflexión.
En este artículo abordamos por qué aumentan los divorcios a esta edad, cuáles son los motivos más habituales y qué aspectos legales conviene tener en cuenta antes de iniciar el proceso.
Divorcios en la tercera edad: una realidad en aumento
Durante la última década, el divorcio en España ha experimentado un cambio profundo. Aunque el número total de divorcios se ha reducido ligeramente entre 2014 y 2024, este descenso no afecta por igual a todas las edades. Muy al contrario, los datos revelan un desplazamiento claro del divorcio hacia edades más avanzadas, especialmente a partir de los 60 años.
Mientras los divorcios en edades jóvenes han caído de forma muy acusada, las rupturas matrimoniales entre personas mayores no solo se mantienen, sino que crecen con fuerza. Esto indica que el divorcio ya no es un fenómeno ligado a las primeras etapas del matrimonio, sino una decisión que muchas parejas toman tras décadas de convivencia.
El grupo de personas entre 60 y 69 años muestra un crecimiento especialmente significativo. En apenas diez años, los divorcios en esta franja han aumentado alrededor de un 60%, a pesar de que el total de divorcios en España ha descendido. Este dato confirma que divorciarse a los 60 se ha normalizado y forma parte de una transformación social más amplia.
Todavía más revelador es lo que ocurre a partir de los 70 años. Los divorcios en esta franja se han más que duplicado entre 2014 y 2024. Este incremento rompe definitivamente con la idea tradicional de que el matrimonio, una vez superada cierta edad, se mantiene por inercia. Hoy, incluso en edades muy avanzadas, las personas priorizan su bienestar emocional y su calidad de vida.
Este fenómeno se entiende mejor si se analiza junto con los datos de matrimonios. En el mismo periodo, los matrimonios en edades jóvenes han descendido de forma notable, mientras que los matrimonios en personas de 50, 60 y más años se mantienen relativamente estables o incluso crecen ligeramente en algunos grupos. Es decir, las personas se casan más tarde y se divorcian más tarde.
En conjunto, los datos dibujan un nuevo patrón: menos matrimonios tempranos, menos divorcios jóvenes y más rupturas tras largos proyectos de vida compartidos. El divorcio en la tercera edad ya no es una excepción estadística, sino una realidad consolidada.
Comparativa de divorcios por edad (2014 vs 2024)
| Franja de edad | Divorcios 2014 | Divorcios 2024 | Evolución |
|---|---|---|---|
| 50–59 años | 16.599 | 20.928 | +26 % |
| 60–69 años | 4.426 | 7.087 | +60 % |
| 70 años o más | 855 | 1.876 | +119 % |
¿Por qué muchas parejas se divorcian a los 60 o 70 años?
Cada historia es única, pero existen factores comunes que explican por qué muchas parejas deciden poner fin a su matrimonio en esta etapa de la vida.
Mayor esperanza de vida y cambio de mentalidad
A los 60 o 65 años, muchas personas se sienten activas, con buena salud y con muchos años por delante. Ya no se percibe esta edad como el final de una etapa, sino como el inicio de otra diferente.
Además, el divorcio ha dejado de ser un tabú. La generación que hoy tiene más de 60 años vivió la normalización del divorcio en España y ya no siente la obligación social de mantener una relación insatisfactoria «para siempre».
Jubilación y síndrome del nido vacío
La jubilación supone un cambio radical en la convivencia. De repente, la pareja pasa mucho más tiempo junta, sin las rutinas laborales que antes amortiguaban los conflictos.
A esto se suma que los hijos ya no viven en casa. Cuando desaparece el proyecto común de la crianza, muchas parejas se enfrentan por primera vez a una pregunta incómoda: «¿qué nos une ahora?». En algunos casos, la respuesta no es suficiente para continuar juntos.
Independencia económica
Especialmente en el caso de las mujeres, la independencia económica ha cambiado por completo el escenario. Muchas mujeres de más de 60 años cuentan con pensión, ahorros o patrimonio propio.
Esto les permite tomar decisiones sin depender económicamente de su pareja, algo que hace décadas resultaba impensable. La separación deja de ser una amenaza para convertirse en una opción real.
Desgaste emocional y búsqueda de bienestar
Tras décadas de convivencia, es habitual que aparezcan resentimientos, falta de comunicación o una sensación de desconexión emocional.
Muchas personas expresan que no quieren pasar los años que les quedan en una relación que no les aporta tranquilidad. A esta edad, el bienestar personal, la paz y la coherencia vital adquieren un valor prioritario.
Nuevas relaciones o infidelidades tardías
En algunos casos, la ruptura se precipita por la aparición de una tercera persona. Esto ocurre con más frecuencia en hombres, que suelen iniciar la separación cuando ya tienen una nueva relación.
En cambio, muchas mujeres solicitan el divorcio sin tener otra pareja, simplemente para recuperar su libertad y su espacio personal
Diferencias entre hombres y mujeres en el divorcio senior
En los divorcios a esta edad se observan patrones distintos según el género. Muchos hombres temen la soledad y buscan rápidamente una nueva pareja. Las mujeres, por el contrario, suelen afrontar mejor el estar solas y priorizan su independencia, su familia y su red social.
Estas diferencias influyen tanto en la decisión de divorciarse como en la forma de afrontar el proceso y la vida posterior a la separación.
Aspectos legales del divorcio a los 60
Desde el punto de vista jurídico, divorciarse a los 60 no es distinto en cuanto a leyes aplicables. Sin embargo, las circunstancias personales hacen que ciertos aspectos cobren especial importancia.
Reparto de bienes y vivienda familiar
Tras muchos años de matrimonio, suele existir un patrimonio consolidado. Si el régimen económico es de gananciales, será necesario liquidarlo y repartir los bienes de forma equitativa.
La vivienda familiar es uno de los puntos más sensibles. Al no haber hijos menores, el uso de la vivienda se decide atendiendo principalmente a la situación económica de cada cónyuge.
En algunos casos, uno de ellos puede conservar el uso de la vivienda si se encuentra en una situación de especial vulnerabilidad.
Pensión compensatoria
En matrimonios de larga duración es frecuente que uno de los cónyuges haya renunciado a su carrera profesional. Si el divorcio genera un desequilibrio económico significativo, puede reconocerse una pensión compensatoria.
A esta edad, dicha pensión suele ser indefinida o de larga duración, ya que las posibilidades de reincorporarse al mercado laboral son muy limitadas.
Divorcio de mutuo acuerdo o contencioso
Siempre que sea posible, el divorcio de mutuo acuerdo es la opción más recomendable. Reduce costes, acorta plazos y evita un desgaste emocional innecesario.
En muchos divorcios a los 60, la decisión se toma tras una larga reflexión, lo que facilita llegar a acuerdos razonables.
Divorcio ante notario
Cuando no hay hijos menores ni dependientes, es posible divorciarse ante notario. Este procedimiento es rápido, sencillo y especialmente adecuado para parejas mayores.
En pocos días puede formalizarse el divorcio mediante escritura pública, evitando el paso por los juzgados.
Divorcios con cónyuges extranjeros
No es extraño que uno de los cónyuges sea extranjero o que el matrimonio resida fuera de España tras la jubilación. En estos casos, es fundamental analizar la jurisdicción competente y la ley aplicable. Con un asesoramiento adecuado, incluso los divorcios internacionales pueden resolverse de forma ágil y segura.
Preguntas frecuentes sobre divorciarse a los 60
Sí, cada vez es más común. Los divorcios en mayores de 60 años han aumentado de forma significativa en la última década. La jubilación suele actuar como un punto de inflexión, ya que la pareja pasa más tiempo junta y reevalúa su relación. Muchos conflictos se habían pospuesto hasta que los hijos se independizaron o finalizara la etapa laboral. Hoy, divorciarse tras jubilarse es una realidad social normalizada.
Con carácter general, el divorcio implica la pérdida del derecho a la pensión de viudedad del ex-cónyuge. No obstante, existen excepciones importantes. Si en el divorcio se reconoce una pensión compensatoria y la persona beneficiaria no vuelve a casarse ni forma pareja de hecho, puede mantenerse el derecho a la viudedad. También hay supuestos especiales en matrimonios muy antiguos. Por ello, es fundamental valorar este aspecto antes de firmar el divorcio.
No. La pensión contributiva de jubilación no se pierde ni se reparte por divorciarse. Cada persona mantiene la pensión que haya generado con sus cotizaciones. Sin embargo, el divorcio puede afectar a la economía diaria, ya que se pasa de un hogar a dos, y puede dar lugar a una pensión compensatoria si existe desequilibrio económico. Es recomendable planificar bien la situación financiera tras la separación.
Sí, es frecuente cuando el divorcio provoca un desequilibrio económico tras un matrimonio largo, especialmente si uno de los cónyuges renunció a su carrera profesional; en estos casos, y dada la dificultad de mejorar ingresos a esta edad, la pensión compensatoria suele fijarse por tiempo indefinido o prolongado.
La vivienda familiar se reparte en función de la situación económica de cada cónyuge y de los acuerdos alcanzados; lo más habitual es venderla y repartir el importe, adjudicar su uso a uno de los cónyuges si existe desequilibrio económico, o compensar económicamente a quien no se quede con la vivienda, siempre buscando una solución justa y estable.
Los trámites son los mismos que a cualquier edad. Es necesario contar con abogado y, si hay acuerdo, se redacta un convenio regulador con el reparto de bienes y las medidas económicas. Si no hay hijos menores, el divorcio puede realizarse ante notario de forma rápida. En caso de desacuerdo, se tramita por vía judicial. Un divorcio de mutuo acuerdo suele resolverse en pocas semanas o meses.
La mayoría de las parejas optan por el divorcio, ya que disuelve definitivamente el vínculo matrimonial y aporta seguridad jurídica. La separación de hecho no rompe el matrimonio y puede generar problemas futuros en herencias, bienes o conflictos económicos. Salvo situaciones muy concretas, divorciarse suele ser la opción más recomendable para dejar claramente definida la situación legal de cada uno.
En la mayoría de los casos, sí. Los tribunales españoles pueden tramitar el divorcio si uno de los cónyuges es español o reside habitualmente en España. El divorcio dictado en España se reconoce automáticamente en la Unión Europea y, fuera de ella, suele requerir un trámite de reconocimiento. En estos casos conviene estudiar dónde resulta más conveniente divorciarse y qué ley se aplicará.
Divorciarse a los 60 no significa fracasar, sino tomar una decisión consciente para vivir la siguiente etapa con mayor serenidad. Con información clara y asesoramiento adecuado, el proceso puede afrontarse con seguridad, respeto y dignidad.
Si tiene dudas o quiere iniciar el proceso de divorcio, contacte con nosotros hoy mismo.


